Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
23 enero 2013 3 23 /01 /enero /2013 11:18

            ANO-DE-LA-FE3.jpgEncontrar el camino de la existencia es algo trascendental. No hay conciencia que pueda desligarse de la verdad. Todo tiene que tener alguna explicación y esto, sin duda alguna, conlleva irremediablemente al encuentro de la razón con la fe. Hasta los más desaforados defensores del agnosticismo han llegado a plantearse la existencia de una fuerza que alimenta la vida, que procura nuevos horizontes y descubre las posibilidades de una esencia sobrenatural que procura la concreción de los hechos. Nada es casual y tiene un origen desconocido, todo se conforma en una fuerza gravitatoria que entronca con la creencia.

            Hay una materia que organiza y establece un orden en las actuaciones. Si miramos a nuestro alrededor podremos ver miles de circunstancias que van condicionando nuestros comportamientos, condiciones que se manifiestan para motivarnos, situaciones contextuales que nos llevan a conclusiones extremas. ¿Qué o quién nos dirige? ¿Es una fuerza supranatural o es la concreción de la casualidad, la síntesis de una concatenación de hechos que se resuelven albur de una suerte?

            La duda no es mala, porque nos provoca y nos alienta a solventar problemas, a deshacer entuertos y desenredar encrucijadas. Gracias a ellas hemos ido evolucionando, dotando a la humanidad de nuevas y mejores condiciones de vida. La duda no es pecado. Sopesar la existencia de Dios no es más que una consecuencia de la condición humana que nos vulgariza. Casi todos los grandes pensadores han expresado su incertidumbre ante el hecho de encontrar una respuesta a este dilema. ¿Existe Dios? ¿Hay un ser superior, hacedor de las cosas que contemplamos? Albert Camus tuvo la primera certeza de la posibilidad de un creador todopoderoso en la recta final de su vida, aún ignorando que se la iba a truncar un accidente de tráfico, tomó la determinación de querer ser bautizado. Una decisión que entrañaba una gran responsabilidad para quien defendió durante muchos años su agnosticismo, o al menos mantuvo una duda razonable, sobre la existencia de Dios.

            Albert Camús, francés de nacionalidad pero argelino de nacimiento por la casualidad de la ubicación laboral de sus padres, caminaba por una calle de la capital argelina, cuando apenas contaba quince años, conversando tranquilamente con un amigo cuando fue sorprendido por unos gritos, por la gran congoja de una mujer, que abrazaba a su hijo muerto como consecuencia de su atropello. El padre gemía en silencio, algo apartado del stábat mater que se le presentaba. Observando la imagen del suceso, el joven Camus señaló a su amigo, con la mano izquierda, alterado por el gran dolor que se le presentaba, la tremenda escena mientras alzaba al cielo su mano derecha y profería, como justificación a su incipiente agnosticismo, la lapidaria frase ¿Dónde está Dios? Si existiera no hubiera consentido las lágrimas de esta madre. Solo el vacío y la soledad pueden constatarse. Sin embargo jamás dejó de plantearse la búsqueda por encontrar una explicación que justificara la existencia de Dios de Todopoderoso, del Ser que se convierte en razón de ser y en fuerza centrífuga para motorizar la existencia del hombre. Y halló un motivo que justificaba su concreción: la fe. El hito que es capaz de conmover los cimientos del universo. En ella se radicaliza y conforma la creencia. Sin fe no hay esperanza.

            Howard Mumma, pastor metodista con el que dramaturgo y pensador francés mantuvo una amistad entrañable, relata en sus vivencias aquellos encuentros y cómo pocos días de su fatídico accidente llegó a confesarle su acercamiento a Dios, con una frase que desmitifica y revela su distanciamiento del agnosticismo. “Amigo mío, ¡voy a seguir luchando por alcanzar la fe!”

            La fe es un compromiso personal, difícilmente transmisible si no hay dudas y es el vehículo y el artificio para deshacernos de la soledad. Sin fe no hay esperanza. Sin fe no podremos encontrar el hermoso camino de la salvación, ni alcanzar los paradigmas de la tranquilidad espiritual que puede llegar a conseguirnos un lugar en la eternidad. Gracias a la fe puedo reconocerme en mis pensamientos, alinear mis conductas y manifestar mis sentimientos sin tergiversar la esencia de la razón. Fe y razón se alinean para conseguirnos una mejor condición de vida. Creer en Dios es un premio que ayuda a sustentarla en comunión con muchos otros.

Compartir este post

Repost 0
Published by Antonio García Rodríguez
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : El blog de lasevillanuestra.over-blog.es
  • El blog de lasevillanuestra.over-blog.es
  • : Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
  • Contacto