Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
La situación del estado jurídico español se ve de nuevo deteriorado, y terriblemente menospreciado, con la determinación de los jueces del Tribunal Constitucional de posibilitar a los asesinos de ETA de presentarse a las elecciones, en igualdad de condiciones que sus víctimas, y ocupar los escaños municipales de las poblaciones, instituciones forales y acaso algunas de las importantes ciudades del País Vasco, aprovechándose de la libertad y la legitimidad que debiera usarse para castigar el totalitarismo del que se sirven a quienes coartan el derecho fundamental de la vida valiéndose de la violencia.
Legitimar Bildu es ignorar y deslegitimar la pena de las víctimas, es dar la espalda al dolor de los familiares que sufrieron el terror, es remover la mierda que depositan estos villanos, con sus acciones ilegítimas, sobre la propia Constitución Española, el mismo cuerpo jurídico que ahora le abrirá las puertas de los consejos municipales, de momento. La decisión de los jueces viene a corroborar la situación de desamparo que acosa al ciudadano de bien frente a quienes delinquen, le atacan y roban. La sensación de desánimo comienza a abrir distancias en la confianza que habrían de depositar en los jueces los ciudadanos.
El estado de derecho se viene abajo con esta sentencia premiosa. Ahora los asesinos de ETA podrán disfrutar de foros que debieran servir para divulgar la convivencia en los reductos esenciales de esta vilipendiada sociedad que son ciudades y pueblos. Gobernarán incluso, dándose la estrambótica situación de que los verdugos regirán y dictarán normas sobre las víctimas. No conozco ningún país del mundo civilizado donde se favorezcan estas situaciones.
Lo peor está por llegar. Le hemos dado oxígeno a este moribundo que era ETA, le hemos llenado los pulmones de aire y le hemos recuperado. Pronto recibiremos el agradecimiento en forma de puñalada por la espalda. Le vamos a llenar las arcas con el dinero de los contribuyentes, el aportado con el esfuerzo y el trabajo honrado de gran parte de los ciudadanos vascos y españoles, con la sangrante –no hay mejor término para definir la situación- circunstancias de que parte de los suculentos sueldos, de los que no abdicarán seguro, provengan de los familiares a quienes ellos ejecutaron. Le estamos dando voz a la ignominia para que saquen y afloren sus obscenos ideales de muerte y terror.
Hoy he visto a mi amigo sin la alegría con la me que me saluda todos los días. La opacidad ha desterrado el brillo de sus ojos, ese lustre que tanto le costó conseguir. Viene derrumbado y no ha hecho ninguna mención a esta canallada que le ha perforado el recuerdo con el taladro del dolor, ese que él mismo sintió en sus carnes cuando un “valiente” gudari le pegó dos tiros, por la espalda, a su compañero y le arrebató la ilusión de conocer a su primer hijo. Desde ese aciago día, en una ciudad vasca, este sevillano vive en un mundo de tormento, en un infierno del que sale gracias al esfuerzo y apoyo de su familia y de una voluntad de hierro que va forjando con el paso del tiempo. Hoy han vuelto a asesinarle a su amigo, por el que no pudo hacer nada, a prender su uniforme de sangre confundida con la suya. La decisión de unos magistrados le ha restado años a este hombre y lo ha traslado al horror.
Se ha ido arrastrando los piés, deshecho, en silencio, sin decir palabra. Sus ojos han dado un pregón de desesperanza. Lástima que se premie al verdugo y se entierren los valores de gente de bien. Están dando sepultura, con decisiones como la del Tribunal Constitucional, a las ilusiones de un pueblo que un día creyó que la libertad consistía en respetar los derechos de los demás. Entre éstos, muy principalmente, el de la vida.