Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
Se ha precipitado el escritor en sus apreciaciones. Ha dejado en entredicho sus propias conclusiones sobre la ciudad y al cariño que le mantenía y del que tanto presumía allende Despeñaperros. Creo recordar que incluso fue condecorado en 1996 con el premio Día Mundial del Turismo, por el gobierno municipal de la época, por situar en la capital andaluza la trama de su novela “La piel del tambor”, de esta Sevilla que ahora ha vilipendiado, y puesto en tela de juicio, pronunciándose en una red social, a cuenta de la película “Grupo 7”, rodada íntegramente en este cateto pueblo, según sus propias conclusiones, sobre la catadura cultural, social e incluso moral de sus habitantes.
Fíjense que al cabo de los años, de mi medio siglo de vida, he descubierto que malvivo en un entorno carcomido por el cutrerío, por la indecencia, rodeado de putas y yonquis, de gentuza. Vamos, que según Arturo Pérez Reverte seguimos hundidos en la podredumbre y en incultura, en el malvivir delincuente que es la vida común del sevillano, fielmente reflejada en la película descrita. Según este prolífico, mediático y mediocre escritor, aupado a la cima de la popularidad gracias a sus desconcertantes escritos, especialmente la obra que desarrolla y discurre en nuestra ciudad, donde se permitió el lujo de tergiversar lugares, de manipular los espacios monumentales, ofreciendo a los lectores foráneos, una falsa visión logística de la ciudad, los sevillanos seguimos viviendo en una especie de patio del Monipodio, donde reina el desconcierto y la falta de honestidad. Que toda nuestra juventud, y no juventud, desarrolla su vida condicionada por el consumo de drogas, nuestras mujeres se dedican al oficio más viejo del mundo y no tenemos más rango social que el de gentuza. Magnífico perfil, que se dice ahora, con el que nos ha descrito este personaje.
Si en tantas visitas como realiza a esta ciudad, incluyendo los dos años que se llevó viviendo y disfrutándola, que me consta, para documentarse con el fin de elaborar y publicar la novela “La piel del tambor”, no ha sabido captar la sensibilidad y la naturaleza cívica, cultural y moral de esta Sevilla nuestra, de esta ciudad que es milenaria, por la que han pasado las mejores y más excelsas culturas del planeta para dejar su impronta en la condición esencial de la personalidad de sus hijos, es que se ha preocupado muy poco por conocernos y ha preferido hundirse en los peores tópicos para sacar sus equivocadas conclusiones.
Calificar como camelo la semana santa, la feria y el Rocío es menospreciar la inteligencia de los sevillanos, es minimizar muchos de sus valores para dejarlos en evidencia a quienes no nos conocen. Evidentemente que el sevillano tiene otras inquietudes, culturales, cívicas y morales, ajenas a las tres principalísimas celebraciones que señala este individuo y que conocemos los dramas sociales que padecemos en estos tiempos, que casualmente son idénticos a los que se sufren en todas las ciudades y pueblos de España, de Europa y del mundo. La insolvencia cultural que nos achaca, la falta de moralidad con la que nos unge este señor y el carácter de gentuza con el que pretende anatemizar a toda la ciudadanía sevillana, no es verdad y sus pronunciamientos son tan ilícitos que rozan el delito y el gobierno municipal debiera tomar cartas en el asunto ante la imagen que va ofreciendo de esta ciudad con sus inexactas y fraudulentas declaraciones.
Piensa que somos tontos. Y algo de razón tiene don Arturo, porque le hemos abierto las puertas de esta ciudad que siempre se ha caracterizado por su hospitalidad, por la amable recepción de quienes nos visitan en busca de la cultura milenaria que llevamos en nuestros genes, algo de lo que él mismo no puede presumir. Le pusimos argumento local a su gran obra –grande porque se vendió mucho utilizando, en trasfondo de su ejecución, los típicos tópicos que sólo vio él- y sin embargo nos presenta como delincuentes la resto de los españoles. Porque hemos comprado sus novelas y leído sus artículos para enriquecerle, tal vez por eso nos contempla desde la lejanía de su Olimpo, Menos mal que no somos tontos y también podemos ofrecer una visión tópica y típica de usted.
La próxima vez, por favor, antes de emitir declaraciones, cerciórese de lo que dice. No juegue con la dignidad de un pueblo que ya tenía conciencia de ello cuando su lugar de nacimiento era un eral, y no enjuague sus prejuicios y complejos con quienes sabemos que miente para obtener algún beneficio. Con las ilusiones y la dignidad de las personas no se juega ni trafica, porque son valores que pertenecen al alma y alma solo es de Dios. ¿Le suena algo esto?