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Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra

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DESHACIENDO DESIGUALDADES...QUÉ RISA

mercasevilla.jpg            No han podido encontrar un lema mejor para definir su propia campaña electoral. No un eslogan más adecuado a las actuaciones personales de sus líderes, sobre todo de quién encabeza la lista electoral. El lema de la campaña electoral del Izquierda Unida –nostálgicos éstos políticos de un ideario que ya nos existe en el mundo porque ellos mismos se han encargado de sepultar con sus actuaciones, con sus demostraciones de totalitarismo con la represión del pensamiento- no puede estar más acorde con los comportamientos de este grupo municipal en los últimos cuatro años.

            En principio ocuparon un lugar que no les correspondía porque su masa votante apenas alcanzó los veintidós mil votos, un número ridículo, si valoramos las cifras de ciudadanos que votaron y que concedieron su confianza mayoritariamente al Partido Popular y en un número menor, al PSOE. Pero el ansia de poder de estos últimos, de continuar asidos a las balaustradas de los escaños de la Casa Consistorial, les llevó al pacto que posibilitó el ascenso de D. Antonio Rodríguez Torrijos hasta las lindes de la Alcaldía, que ostentó D. Alfredo Sánchez Monteseirín. En seguida hicieron valer sus pretensiones y el ámbito de actuación se fue extendiendo en todos los distritos de la ciudad hasta límites insospechados.

            Sus actuaciones dictatoriales contra un sector de la población, que él entiende no son votantes de su partido y por lo tanto hay que castigar, ha movilizado a éstos sin encontrar ninguna solución a sus problemas; o mejor dicho, han sido ignorados por la mera condición de vivir en distrito u otro de la ciudad. Así sucedió con el plan centro, que ha provocado el cierre de numerosísimos pequeños comercios, los más tradicionales, los que eran sustentados, y sustentadores, por una familia. De nada sirvieron las súplicas para retrasar la entrada en vigor de este plan -¡vaya plan!- hasta que se incluyeran los servicios municipales que sustituyeran a los vehículos a los que se iba a prohibir el tránsito y estacionamiento por el casco histórico de la ciudad. Que explique su lema electoral a estos ciudadanos que se han visto abocados al paro y la desesperanza ante el incierto futuro que les espera.

            Otra de las medidas, que por lo visto son imprescindibles para la evolución y desarrollo de esta ciudad, es cortar el tráfico, un domingo al mes, para que los desocupados puedan disponer una mesa camping en la Avenida Menéndez y Pelayo para jugar una partida de dominó, o para que los ciclistas deambulen desde la glorieta del Cid hasta la Puerta Carmona, un discurrir anacrónico –y lo digo por la privilegiada mente que dispuso este circuito y no por quienes la pudieran utilizar, que también debieran pensarse si es el lugar más adecuado- con lo que debiera ser el fomento de una actividad deportiva y lúdica en espacios más apropiados, con menos cemento y asfalto, y más verde, adecuándose a los usos y pronunciamientos realizados por su propio partido.

            Los ejemplos bien podrían llenar páginas y páginas de esta humilde ventana a la que me asomo diariamente, pero incidir y reiterar lo que es obvio y de público conocimiento sólo vendría a cansar a quienes lo leen diariamente y a cansarme a mí mismo.

            Deshaciendo desigualdades es una manera sarcástica de presentarse. Desde luego, como dice mi madre, siempre ha habido, y habrá, clases. No todo el mundo puede darse el gusto de comerse una gran mariscada, en un país del norte de Europa, no en Emilio, ni en Romerijo, sino en las lindes de este continente. Allí puede que sepan hasta mejor, pagándose además como se pagan las cosas de los políticos en este país. Así hacen verdad este lema que les define. Y tal vez debiéramos pensar que no están engañando a nadie, que es su natural manera de proceder, y que son coherentes con su despótica idea con el único fin de conseguir quedarse en el aparato municipal.

 

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