Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
Cuando se inauguró el tesoro de la Hermandad de la Macarena, hace casi dos años ya, gracias al patrocinio de una entidad financiera levantina y a las gestiones, magníficas gestiones, que realizó Juan Ruiz Cárdenas, por entonces Hermano Mayor, respaldado por su Junta de Gobierno, en una de sus salas causó muy grata impresión la exposición de una cuadro de García Ramos, tal vez la primera referencia gráfica de la túnica de la Macarena diseñada por Juan Manuel Rodríguez Ojeda, y que su autor nominó con “Nazareno dame un caramelo”. Esta magnífica obra se mantuvo, en el citado espacio, hasta los inicios de la primavera del año dos mil diez, tiempo que duró la cesión que su propietario pacto con la Hermandad. Transcurrido y vencido el pacto por el que permaneció en ese orgullo macareno que es su museo, el cuadro regresó a su lugar en las salas donde permanece, oculto a la visión y a la admiración de quienes añoran contemplarlo, junto a la pródiga y magnífica colección de pinturas y obras costumbrista que su propietario, D. Mariano Bellver Utrera, tiene instaurada en su domicilio particular.
Este mecenas sevillano, aunque su origen se remonte a Bilbao, donde nació en 1926, se ha pronunciado, en medios de comunicación con reiteración y alevosía, y ha hecho llegar a las instituciones locales y regionales, su intención para ceder esta gloriosa colección, de más de trescientas obras pictóricas, amén de algunas esculturas y otras de orfebrería –como el excelente y precioso altar en plata que preside su capilla particular-, al ayuntamiento de Sevilla o la Junta de Andalucía, sin que hasta la fecha haya recibido contestación afirmativa a esta graciosa y altruista ofrenda. Cierto es que D. Mariano solicita una serie de requisitos y condiciones para donar su colección, como un lugar idóneo donde se recojan con las mínimas garantías de conservación, pero está en su derecho. Lo lamentable es que una colección de estas características, que la convierte en una de las mejores muestras privadas de la pintura andaluza de este siglo, con autores como Valeriano Domínguez Bécquer, Ricardo López Cabrera, José García Ramos, Antonio Cabral Bejarano, José Pinelo Llull, José Gutiérrez de la Vega, Manuel García Rodríguez y Gonzalo Bilbao, y a la que ha integrado recientemente Pharamond Blanchard, Lafita y George Owen Wynne, pintores extranjeros pero que captaron imágenes y escenas andaluzas, es que no se haya propiciado ya una iniciativa para localizar un espacio digno para ubicar esta antología pictórica del costumbrismo andaluz y dotar con una línea económica, alguna de esas que se tiran en proyectos culturales que luego ni siquiera ven la luz, para rehabilitar el edificio y acondicionarlo para establecer una exposición permanente.
La desidia mostrada en este caso particular por las instituciones municipales, principalmente, viene a corroborar la poca importancia que se dan en este país, en esta ciudad, a la verdadera esencia cultural, a la memoria de intelectual que heredamos y que con mucha frecuencia, podemos contemplar en otros lugares del mundo, donde sí se le presta la atención debida, venga de donde venga la sabiduría y erudición, y donde una propuesta de esta magnitud, donde el principal valor ya se tiene –y además gratis- propiciaría la inmediata ejecución de las obra de acondicionamiento, o tal vez la realización de un edificio donde acoger la donación.
Pero aquí no. Ni la preocupación e insistencia del propio mecenas motivan a los políticos que tienen la facultad de decisión. Prefieren gastar fuerzas y dinero en otros menesteres que le otorguen el poder para gobernar, o mejor para instaurarse en la comodidad de su condición de concejal o consejero, y luego marear la perdiz sobre las propuestas y las promesas que hacen en tiempo electoral. Por cierto que en los programas electorales no he visto nada para ampliar el museo y recoger este patrimonio que nos quieren dejar. Lo mismo, para poder contemplar un lienzo de esta colección, nos tengamos que ir al Museo Guggenheim de Bilbao, o peor aún, al Museo Magritte de Brudelas. Y la Antigua Fábrica de Artillería removiendo ya los lodos del olvido.