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Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra

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LA RADIO

            LA RADIOOír la radio siempre es un placer. Tiene una magia especial porque a través de ella puedes enfrentarte a un mundo desconocido, porque sus sonidos nos traen el fabuloso mundo de la ilusión, o nos transporta, casi de inmediato, con la prontitud y fugacidad de un rayo, al lejano lugar donde una sociedad se levanta para pedir justicia, o nos descubre un paraje majestuoso, que se agranda aún más en las lindes del misterio porque se nos presenta de improvisos en la imaginación a través del arrullo de un río, del silbido del viento recorriendo las profundidades de un valle o una cañada.

            La radio ese instrumento extraordinario y asombroso, casi milagroso, que muchos creyeron que perecería vencido por el vídeo primero o el dvd más tarde. Las especulaciones no hicieron más que agigantar su figura, engrandecer su mito hasta límites insospechados. ¡Que hay mejor que una voz cerca de ti en los momentos que la soledad amenaza con aplastarte, confidente improvisado, generoso benefactor de la alegría en las horas bajas!

            A mí me instruyó en el mítico arte de la escucha, de la victoria sobre la rutina que siempre amenaza con allanar los sentimientos, mi madre. Aún mantengo vivo el recuerdo, la imagen –que se me presenta grisácea- del aparato de cretona encima del aparador. No hay estampa de mi niñez en la que no se establezca una moción de nostalgia relacionada con sus sonidos, con sus voces inundando la salita donde se reunían las vecinas, en las horas de la sobremesa, cuando el sol comenzaba a declinar descubriendo las sombras que permanecían en su sopor, emboscadas entre los trigales y amapolas que se dejaban ver a través de los cristales de las ventana traseras de la vivienda, entre los terruños donde se erigían unos naranjales, para realizar labores, para enjaretar una tertulia que se venía a menos cuando la mayestática voz –cautivadora, ladrona de suspiros, embaucadora de sueños- anunciaba el capítulo de la radionovela, de aquellas historias con guiones de Guillermo Sautier Casaseca que ataban a la enea de la silla a millones de mujeres. Aquella  solemnidad de la presentación –“y Juana Ginzo como Ama Rosa”- envuelta en el celofán de una musiquilla meliflua que hacían al personaje tan desdichada como deseada.

            La radio siempre puente de unión de personas, siempre mostrando la grandeza que mana del corazón de los hombres, vínculo para mostrar la solidaridad entre los pueblos, cuando el desastre del Tamarguillo se llevó por delante la fisonomía puebleril de los barrios de intramuros, la sentimentalidad de las personas que compartían sus alegrías y desdichas, sus carencias y generosidad, arrasando la virulenta avalancha con una forma de vida que solo la memoria es capaz de reconstruir,  y un programa de radio logró lo que al mismo estado le resultaba casi imposible de asumir, haciendo de todos la desgracia de los sevillanos. Ustedes son formidables, dirigido por Ángel Carbajo, con la realización de Juan Vives y la voz de Alberto Oliveras, consiguió sufragar muchos males provocados por el alud de agua y barro que anegó gran parte de la Sevilla hermosa y profunda.

            La radio, ese prodigio que forma parte de mi vida, que aglutina muchos de los hermosos recuerdos que se conformaron durante mi infancia, sigue atrayéndome, a conducirme por un hermoso camino de baldosas amarillas -¡oh aquel serial donde el Mago de Oz se manifestaba cada tarde desde las ondas hertzianas de la Voz del Guadalquivir!- que me lleva en busca de la ilusión, a alcanzar los más singulares parajes de la emoción, a encontrar ese idílico cielo que podemos visitar al escuchar la voz, insinuante y confidencial, que nos sitúa en el pasado, nos posiciona en el presente y nos conduce a las expectativas del futuro. La radio, nuestra amiga, ella si que es formidable.

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