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Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra

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QUE VENGA EL TÍO DE LA VARA

            TIO-DE-LA-VARA.jpgEs algo más que sintomático que las fuerza vivas de la ciudad no se hayan planteado, ni se hayan pronunciado ya sobre la necesidad de crear un instituto –primero hay que suprimir los doscientos mil que existen y cuya inutilidad ha quedado más que demostrada- para solventar el grave problema del vandalismo en las zonas de recreo y comunes de los diferentes barrios de Sevilla.

            Todos los partidos, inmersos en las muy próximas elecciones municipales, llevan en sus programas la restitución, cuando no la reposición absoluta, de los daños causados por esta nueva y desprestigiada juventud que se dedica a demoler las instalaciones del las que podrían disfrutar, por el mero hecho de satisfacer un ego que no tiene comprensión ni alcanza cordura alguna. En todos los programas se perjura y se subraya la urgencia en la devolución de estos espacios a los ciudadanos, ahora apartados de ellos por el miedo y la caciquil aptitud de estos descontrolados grupos que someten, con sus métodos estalinistas, a la mayoría.

            Lo que debían ser espacios para el esparcimiento de la comunidad se ha convertido, por obra y gracia de la fría observancia –cuando no de la total indiferencia- de los regidores de la ciudad, en reinos de Taifa donde se procede, y fomenta por tanto con esta permisividad, al consumo de bebidas y drogas, alejando de sus perímetros de asueto a familias que no quieren que sus hijos tomen de ejemplo lo que sus ojos ven. Esta aquiescencia, que solo ha sido posible restando derechos a la gran mayoría, no contempla la posibilidad de regenerar los parques y jardines con las multas que debieran ponerse a quienes actúa con esta contundencia. Dicen algunos avispados psicólogos, estudiosos de los comportamientos de estos energúmenos, que esta actitud violenta no es más que el reflejo de las frustraciones que les provoca la falta de ideales, que es la proyección por la escasa motivación emocional, la rebelión propia de la juventud.

            En otros tiempos, en las circunstancias que nos rodean en la actualidad, la juventud se levantaba por la defensa de ideales, por la escasez de puestos de empleo o por la falta de libertad –ésa misma de la que se favorecen ahora para sus ignominias tergiversando y envileciendo la hermosa significación de la palabra-, o por solidaridad por quienes condenaban a muerte por el mero hecho de pertenecer a la dirección de un sindicato obrero, pero jamás se les hubiera ocurrido que para elevar sus protesta tendrían que devastar un jardín, o demoler las instalaciones de usos comunes de sus vecinos.

            Que se dejen de monsergas quienes procuran buscar una explicación a estos actos vandálicos, quienes quieren tapar su ineficacia y responsabilidad política con cuatro palabras y vanas promesas. Hay que actuar con la misma contundencia que profieren estos desalmados cuando destrozan los jardines.

            Hace unos días, en la zona de la Estrella, en Pino Montano, un pequeño cayó de bruces sobre los restos de una botellona. Suerte que las heridas provocadas por los cristales de los envases abandonados fueron mínimas. Suerte que pueda ser esquiva la próxima vez. Me cuentan también que las denuncias no ha servido de nada y que el grupo de jóvenes que ha hecho de este espació un lugar dominado por el miedo, se burla constantemente de las advertencias que les hacen llegar. Saben que no les ocurrirá nada, que no les exigirán ninguna responsabilidad. Para eso está el dinero público, para que ellos lo destrocen a patadas. ¿Será falta de educación, será ignorancia supina esta falta de respeto por el bien de todos? Si tuvieran que pagar –o sus tolerantes padres de manera subsidiaria- los daños causados, otro gallo cantaría. Qué verdad es que necesitamos un tío de la vara detrás de cada uno de nosotros. Mientras los partidos en busca de votos.

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