Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
Probablemente nos encontremos en el periodo de la historia en el que el ciudadano de a pié, al que muchas veces no se le presta el debido respeto ni la atención necesaria, esté mejor informado. La intromisión de los medios de información en el campo digital ha favorecido la difusión, casi a tiempo real, de las noticias y sucesos, por muy distanciados que éstos se encuentre, del lugar de origen del receptor. Tal vez estas mismas palabras estén siendo leídas, visualizadas mejor, en las antípodas. Esta es la grandeza del avance tecnológico de nuestra era, lo que nos hace estar orgullosos de la evolución intelectual del hombre.
Sin embargo hay ciertos personajes que proclaman su formación en las mejores universidades del país y que vienen utilizando la tribuna que se les ofrece en algunos medios escritos, intuyo que con la mejor de las intenciones periodísticas por parte del editor, para mostrar su inquina y su resentimiento contra personas, que en la mayoría de las ocasiones, no sólo no ha tenido el gusto de cruzar dos palabras, sino que ni siquiera conoce. Vamos, que no los ha visto en su vida.
Tal es el caso de D. Félix J. Machuca, quién en un artículo publicado el pasado día 7 de noviembre, en el diario ABC de Sevilla, titulado "¿Quién manda en la Macarena?" se postula como defensor sui generís del actual Hermano Mayor y muestra su indignación por la discrepancia de su Junta de Gobierno sobre la ideonidad de situar, en el atrio del templo macareno, la escultura del Papa Juan Pablo II que está realizando el profesor y magnífico escultor sevillano Miñarro.
Falta a la verdad en sus aseveraciones el Sr. Machuca al afirmar que los componentes de la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Macarena han obrado de mala fe y dejando a su Hermano Mayor en una situación poco decorosa. Y falta a la verdad al insuar que -cuidate de tu sangre en la Junta, proclama con total falta de conocimiento, en la última línea de su artículo, a modo de sentencia- hay quienes pretenden apuñalarlo por la espalda. Jamás los componentes de una Junta de Gobierno se han mostrado más unido con un Hermano Mayor, en la Hermandad de la Macarena. Jamás, Sr. Machuca, se ha encontrado esta cuatro veces centenaria Corporación con un grupo de personas más dispuestas y entregadas a su Hermandad. Le hubiera bastado con darse una vuelta por los aledaños de la Basílica y preguntar. Podría haber confrontado sus informaciones para darse cuenta del error al que le han hecho llegar. El código deontológico de cualquier periodista le habría dictado la mejor manera de obrar.
No puede usted erigirse en poseedor de la verdad sin antes no realizar las averiguaciones necesarias y utilizar la tribuna que se le ofrece desde el importante tabloide sevillano para horodar la honorabilidad de las personas, de hombres que tienen hijos y leen, amigos que leen y clientes que leen. Menos mal que los conocen.
Procure Sr. Machuca cotejar las fuentes de información y los datos que les hagan llegar, porque si no estaremos en disposición de pensar que hay muy mala intención, y que ésta quizás sea la verdad que esconde la mentira.