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Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra

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Ladrón de bicicletas

En la Italia de la posguerra sitúa Vitorio de Sica la acción de una las películas emblemáticas del cine europeo. El director recoge, con gran maestría y valentía -el film se enmarca dentro del movimiento cinematográfico nominado neorrealismo-, la azarosa vida que se ve obligada a mantener la sociedad italiana tras la finalización de la II Guerra mundial. La población, acuciada por el paro y por la gran crisis financiera -¿de qué nos suena esto?- como consecuencia del conflicto bélico europeo, busca soluciones vitales para mantener la moralidad dentro de una sociedad abocada al cambio o la destrucción de los valores íntegros de las personas.LADRON-DE-BICIS.jpg

El protagonista de la historia tiene la fortuna de conseguir un trabajo pegando carteles por la ciudad pero para poder realizarlo necesita una bicicleta. El problema es que su vehículo está empeñado, por lo que su primera necesidad la centralizará en la recuperación del velocípedo, tarea a la que se entrega con denodado afán hasta su consecución. Con ella recorre feliz las calles de la ciudad cumpliendo con el menester que proporcionará una vida más digna a toda su familia. Pero en su primera jornada laboral le roban, en un descuido, la bicicleta,  siendo en este preciso instante cuando el drama se presenta. Con el  hurto se marcha su esperanza de futuro. El  protagonista, acompañado de su hijo y algunos amigos, buscarán infructuosamente su recuperación. La magistral escena final transcurre ante el dilema moral en el que se ve envuelto el principal personaje al verse arrojado al dilema de convertirse él mismo en un ladrón o mantener los escasos valores morales aún a costa del sacrificio de cubrir las necesidades básicas de su familia.

            En nuestra ciudad –aquella del descontrol y el desgobierno- continúa proyectándose esta película casi a diario. Luigi Bartolini, autor de la novela en la que se fundamenta el emblemático film, tendría mas que argumentos para construir un nuevo realto con argumentos parecidos.

            La Sevilla de los sevillanos, slogan tan pregonado por los dirigentes municipales, viene sufriendo el constante asalto a estos vehículos que ya son, para muchos de nosotros, una necesidad con la que cubrir los trayectos cotidianos ante la falta de previsión con las medidas restrictivas, de orden circulatorio, que está implantando el Ayuntamiento. Y lo que es peor, las sustracciones se llevan a cabo con intimidación y violencia. Quiénes actúan con este vandálico proceder lo hacen con absoluta impunidad, mostrando el mínimo respeto, incluso, hacia la vida de quienes se oponen a ser salvajemente avasallados en sus derechos ciudadanos, cuando no constitucionales. Además intuyo, porque he sido víctima de un hecho de estas características recientemente, que no se toman las medidas oportunas para hacer prevalecer el hecho de defensa y protección del uso de este medio de locomoción.

            Me han privado de este transporte con el que accedo a mi puesto de trabajo, con el procuraba mantener un medio ambiente, en el que me desplazo, trabajo y vivo, menos contaminado. Pero también he visto mancillada mi dignidad y cómo la desesperación invadía mi ser ante la impotencia de poder reaccionar ante el asalto cobarde y traicionero al que me ví sometido. Con el robo de mi bicicleta, con exagerada violencia, compruebo, no que vivo ya en la ciudad del descontrol y desgobierno, sino que continuamos involucionando hacía una sociedad cada vez menos considerada con su semejante, menos solidaria y más restrictiva con los derechos de los ciudadanos. El concepto de favor que se otorga para quiénes delinquen con la mayor impunidad vendrá a favorecer, mucho me temo y si no se toman las medidas oportunas por quienes corresponde,  como en la película, que pasemos a cotejar la posibilidad, como mero hecho defensivo, de olvidarnos de los valores que nos han sido inculcados desde la educación y el respeto a los demás para posicionarnos en la defensa intransigente de la seguridad de los nuestros.

 

 

P.D.- Es la tercera bicicleta que me roban en este mismo año.

 

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A
<br /> Lo siento amigo, lamentablemente todos estamos expuestos a sufrir este tipo de situaciones, lo verdaderamente trajico es el fin al que van destinar tu bici, y lo que te hubiera podido suceder a ti.<br /> <br /> <br />
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