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Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra

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NO MERECEN RESPETO

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          Las obras acometidas para la restauración de los murales y elementos cerámicos, y la ría que bordea perímetro interior de la Plaza de España, fueron aireadas a bombo y platillo, hace poco menos de un mes, por el Ayuntamiento de Sevilla que se ha jactado de pregonar la inversión realizada, como si fuera su obligación mantener el bien cultural que ponemos en sus manos, para recuperar una de la joyas arqueitectónicas de la ciudad, emblema y reclamo para los promotores turísticos fuera de nuestras fronteras, y legado majestuoso de la Exposición del 29, en la que don Aníbal González fundamentó los conceptos del ideario de la nueva arquitectura regionalista.

Los sevillanos nos debemos sentir orgullosos de que estos monumentos recuperen el esplendor con el que fueron concebidos en su día y procurar mantenerlos en su estado primigenio. Pero no ha pasado más de treinta días desde la presentación de su obra y ya comienzan a ser vejados de nuevo. Desde luego debe ser un incordio para estos nuevos bárbaros que estos elementos se dispongan a su vista. Debe ser una molestia para estos analfabetos que las cerámicas se interpongan a su paso. Desde luego no sé qué pensarán los ciudadanos de a pié intentando engrandecer la ciudad, mejorar sus instalaciones y procurar que la belleza que nos ha sido transmitida pueda ser disfrutada por las generaciones que nos seguirán. Dudo mucho, a este paso, que éstas perduren para el futuro. Tal vez , en estos lugares, habrá que poner un cartel con un lema que indique que en ese solar hubo un día una de las plazas más hermosas y grandiosas de la ciudad, o bien recrear virtualmente una visita in situ de lo que fue y no nos dejaron disfrutar.

Los bárbaros incluso habrán gozado de esta obra, se habrán regocijado con ella y en el regreso a sus cavernas habrán jaleadola la importancia, con hombría y tal vez pateando alguna papelera, del destrozo cometido. Incluso se habrán acostado con la conciencia inalterada, como conscientes de un trabajo bien realizado. Vamos una machada de la que poder presumir al día siguiente.

Sin duda alguna los culpables, de ser localizados, debieran pagar caro esta fechoría, o mejor dicho y aprovechando esta terminología en estos días tan de usual, este atentado al patrimonio de la humanidad y aplicárseles todo el peso de la ley por ello, máxime cuando hace poco más de una mes se invertía un ingente cantidad de dinero público en recuperarla para los sentidos, del que los tenga.

Pero subyace en todo ésto algo mucho más importante que viene determinando estos vándalicos comportamientos. La falta de educación. Nos encontramos ante un estado que ha ido degradando esta cualidad principal del comportamiento humano hasta situarlo en un estrato de igualdad donde la sitúan con la indiferencia y la vileza. Hay una generación reciente que se ha visto desbordada por la falta de educación en las escuelas donde ha prevalecido el derecho de los menores, que deben poseerlos en su justa medida como el común de los ciudadanos, sobre el carácter educacional del profesorado, potenciado por la imposición de nuevas técnicas pedagógicas que han venido a suplir a los valores primodiales que fundamentaban y propiciaban la convivencia ciudadana. Ha prevalecido el derecho instructivo sobre el educacional. No han sabido compatibilizarlos. Es más, en algunos planes de estudio ha primado, cuando no se han encargado de eliminarlo, el primero sobre el segundo, tal vez creyendo que la cultura se mantiene sobre el conocimiento puntual de algunos temas. Han destruido la convivencia al no imponer la educación.

Por éso estos nuevos salvajes, que saben ademàs que las leyes vienen casi a protegerles ante sus desmanes, no saben apreciar la belleza que nos han legado, una herencia cultural que está siendo vilipendiada por la ignorancia y que requeriría tomar medidas precautorias para evitar estos asaltos a la cultura, que es un bien primordial del hombre, asociada a su propia existencia. El testimonio sobre este nuevo capítulo de insensibilidad de  algunos nos debe avergonzar a todos. Lo peor de ésto será lo orgullosos que se sentirán cuando vean reflejada su obra en la mayoría de los medios de comunicación y hasta se vanagloriaran de sus fechorías. Algo habrá que hacer. No merecen el respeto quiénes constantemente nos lo faltan.

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