Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
"AQUI YACE EL MUY ONRADO HERNANDO SEÑOR DE CASTIELLA, E DE TOLEDO, E DE LEON, E DE GALICIA, DE SEVILLA, DE CORDOVA, DE MURCIA, DE JAHEN, EL QUE CONQUISSO TODA ESPAÑA, EL MAS LEAL, EL MAS VERDADERO, EL MAS FRANCO, EL MAS ESFORZADO, EL MAS APUESTO, EL MAS GRANADO, EL MAS SOFRIDO, EL MAS HOMILDOSO, EL QUE MAS TEMIE A DIOS, EL QUE MAS LE FAZIE SERVICIO, EL QUE QUEBRANTO E DESTRUYO A TODOS SUS ENEMIGOS, EL QUE ALZO E ONRO TODOS SUS AMIGOS, E CONQUISSO LA CIUDAD DE SEVILLA, QUE ES CABEZA DE TODA ESPAÑA, E PASSO EN EL POSTRIMERO DIA DE MAYO, EN LA ERA DE MIL E CC E NOVENTA”
Esta es el epitafio, en lengua romance, que aparece en la urna de plata, hay otros tres en latín, en hebreo y en árabe, uno en cada lado, que contiene los sacros restos del hombre que recuperó Sevilla para la cristiandad. Curiosidades de la vida, hoy desde el extremo oriente y desde el país que está al sur del nuestro, nos reclaman como parte de ese Al-Andalus que fue invadido, y por lo tanto sustraído a un poder político, religioso y social afincado en estas tierras, por las hordas musulmanas en el año 711. Sin duda alguna, la reconquista de la ciudad por las tropas que comandaba el Rey Fernando de Castilla y León, fue hecho de justicia, de legitimidad territorial y política. Pero no es el caso que me trae a la cuestión, sino el recuerdo de la festividad que se conmemora hoy en nuestra ciudad, la efeméride de la subida a los altares de un monarca que se distinguió por la sabiduría en las artes de la guerra pero también por su piedad y entrega al amor de Dios y de la Santísima Virgen, a la que siempre llevaba consigo y a La que siempre se encomendaba antes del inicio de la batalla. La causa de su canonización finalizó en 1671, encargándose de la concreción de la urna donde reposan el cuerpo incorrupto del santo rey, al prestigioso orfebre jerezano Juan Laureano de Pina, que empieza la ejecución de la obra en 1690 aunque las dificultades financieras motivaron que su terminación no finalizara hasta el año 1719, habiendo participado en su conclusión otros orfebres y empleándose en su realización plata, plata sobredorada y bronce. Se conoce que en temas administrativos y burocráticos seguimos igual que el siglo XVII.
Cada treinta de mayo, la urna se descubre para que los sevillanos, y quienes quieran participar de este hermoso rito, puedan contemplar el cuerpo del Santo Rey, aunque las autoridades civiles de nuestra reciente época hayan desprovisto del boato y suntuosidad que tuvo y mantuvo en décadas anteriores, limitando la festividad a la celebración en la Seo sevillana de una misa, con representación corporativa del ayuntamiento, cabildo de la catedral y autoridades militares.
En cualquier pueblo, en cualquier pedanía, procuran dar mayor esplendor a las celebraciones en torno al santo patrón, con múltiples celebraciones lúdicas y religiosas, que compatibilizan sin estridencias, con cordialidad y naturalidad, sin visiones políticas que enturbien las tradiciones más o menos antiguas.
Aquí han desligado las vinculaciones de la tradición. Recuerdo que no hace muchos años, sin la oficialidad festiva del día, había hasta una pequeña parada militar, a la que acudíamos muchos sevillanos en homenaje a San Fernando, aprovechando la visita al panteón donde la reina de los cielos, la Reina por la que Reinan los reyes, es permanente custodia, vigilante excelsa, de unos de sus hijos eméritos, el rey que reconquistó Sevilla para Ella, y desde entonces es baluarte de la fe y el amor a María, Madre de Dios y Señora Nuestra.