Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
Hoy no está con su Virgen. Tal vez la venga soñando desde hace unos días, Imaginándola ataviada con la realeza con la que se presenta a sus hijos, como se acerca a la gente de su barrio, a ésos mismo que desde la diáspora recorren el camino hasta el barrio que le hurtaron. Hay un banco vacío que añora la cálida presencia del primer día de su besamanos. Hay unos ojos más tristes observando desde la profundidad de la nave, unos labios que La retan, que le exigen orando la salvación de su padre.
Inmerso en la profundidad de los sueños, retirado de la consciencia, vagando por mundos que sólo puede visitar él, va buscando la senda por la que salir del entramado y enredado cosmos a la que fue sumido por un desgraciado accidente, por un desafortunado lance del azar, que lo postró en la oscuridad de un letargo no deseado. La fuerza de la luz al final del túnel.
Pepe fue a buscar las manos de la Virgen que hoy sólo intuye en el limbo en el que se encuentra, fue a encontrarse con ellas para besarlas, para acariciar esos dedos que se ofrecen en San Bernardo desde esta misma mañana, para saciar su alma, para esquivar a la dama oscura que se le está ofreciendo constantemente. Está buscando la luz para implantarla en su entraña, porque sabe que necesitamos su palabra, sus consejos, sus silencios. Fue a buscar el socorro de la Virgen que tanto ama, fue en busca de su Refugio donde guarecerse de los cantos de sirena que le llegan desde una orilla que no deseada.
San Bernardo abre las puertas. La Virgen del Refugio baja para ofrecer su candor, para mostrar su belleza. ¡Ay si hoy Pepe pudiera verla! Todo el esplendor del barrio asomando por su cara, todo el amor destilado de su gracia a la ofrenda de sus hijos. Hoy le piden por ti, por ti las oraciones que se depositen a sus plantas. Por ti hay silencios plegados en el pañuelo que besa su mano.
¡Cuántas palabras se quedan sin decir esta mañana! La esencia de tu ausencia deja sin luz esta estancia donde la Virgen se muestra al fervor. No sabemos que está ocurriendo en tu mente. Como aquel miércoles santo que me visitaste y me diste una estampa. Por un lado, la Virgen del Refugio; del otro, el Cristo de la Salud. Revestido con tu túnica, orgullo resplandeciendo en tu rostro, alegría derramando por los ojos, camino de la parroquia me dijiste, con esa dulzura con la que envolvías tus palabras, “aquí te dejo el Refugio para que te asiles en él, un lugar donde nunca falta la Salud”.
Hoy soy yo quién te acerca otra estampa, quien te ofrece otra Imagen. Sé que la pondrán en ese lecho donde luchas para encontrar la salida, por retornar a tu casa. Hoy te pongo en tus manos, junto a las oraciones y plegarias que por tu restablecimiento invocaremos, a la Virgen de la Esperanza, Ésa que habita en la Macarena y de la tú siempre decías que estaba de Gracia llena.
*A José Manuel Muñoz Suárez, con el que tantas veladas compartí, del que tanto aprendí, para que pronto se ponga bueno.