Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
Sólo los valientes caminan por los polvorientos senderos del desierto con la cabeza enhiesta. Sólo los valientes soportan la furia de los elementos con la coraza de la alegría y rodela de la esperanza como única defensa. Sólo los valientes ignoran las angustias que procura el sufrimiento. Siempre mirando adelante, siempre obviando los fuegos que producen los recelos, cruzando mares y cielos con la ilusión siempre prendida en un futuro mejor; hundirse en el desconsuelo es sucumbir en el intento de tan solo sobrevivir, es preferible morir gritando a los cuatro vientos el lema que nos corroe, ese que recorre el mundo aunando grandes pasiones, ese que se forjó para instaurar un paraíso donde crecieron quimeras y que proclama el noble hecho de que aunque se pierda se grite la victoria de los sueños.
No importa el sufrimiento cuando hay un destino para unir los sentimientos y la fe. Siempre hay un nuevo amanecer asomando a la ventana, siempre aparece el poder de la luz que sofoca y somete las oscuridades, que las acorrala. Siempre hay un orgullo que surge, aún en las horas más malas, para reblandecer esas rocas que conforman las maldades. Siempre hay un clamor para espantar las desgracias y un conjuro que se airea con cantares de esperanza, unas veces se corean con compás y hasta con palmas, otras basta tan sólo con proclamarlas con un grito que descubre esencias de pura casta y aún en silencio, como si fueran acciones que de gracias nos sobraran, se esparcen cuando se ondean banderas impregnadas con el color de la esperanza, con el blancor del candor. Con un gesto se sufragan las grandezas que se pierden y con una sonrisa basta para recuperar el honor, para fortalecer la leyenda de los corazones que se dejaron prender por la ilusión, por una certeza de vida, que se contiene en un delta donde se instauran trece barras, columnas donde se emplazan los forjados del amor, las estructuras del mito, los cimientos donde se apoya la humilde aspiración de seguir la tradición, de una infancia que se asía a una mano, de un horizonte donde sólo se vislumbra la pasión trastocada en verdiblanca.
¿Dónde radica su fuerza? ¿Dónde encontrar su energía? ¿Dónde nace ese afán, esa vigor, la firmeza del ideario que consigue mover la tristeza, que desplaza la amargura, que aún morando en las casas más pobres, siempre hay grito que surca el espacio proclamándote campeón? ¿Será que una ilusión nos traspasa el corazón? ¿Será que nos basta quererte, que no pretendemos más suerte que alentar este destino, que soñar es un camino para hacernos triunfadores?
Qué más de donde vengas, qué más donde tu vayas. Siempre habrá un camino repleto con banderas de esperanza, con blancores de sonrisas, un reguero de nostalgia, un sendero con un presente se ase a otras manos, que se forma en el dolor para poder apreciar lo que cuesta una victoria. Cuando levante su voz, cuando se llene de gloria, cuando pronuncie tu nombre, sabrá que hay una hermosa historia. Cuando sus ojos se llenen felicidad y los causes de su cara se desborden de emoción, recordará esos días –qué más da la generación- en los que pregonó la sinrazón de saberse portador de un legado de honor, que se transmuta y recoge en un grito, valedor de los sentidos, que nadie nos puede quitar, una filosofía vital que va recorriendo el mundo, ¡¡¡VIVA ER BETI MANQUE PIERDA!!!