Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
En un medio de comunicación radiofónico y en otro escrito local, ambos ligados al mismo grupo editorial y posicionado a favor de la opción socialista a la alcaldía, han intentado, con una torpeza supina y digna de un incauto principiante en las lides periodísticas, deslegitimizar la candidatura del Partido Popular con la publicación de la implicación del número dos de la referida lista, en un delito de amenazas y agresión a menores y su posterior condena por un juzgado de Sanlúcar la Mayor, hace unos años, y cuya resolución judicial fue refrendada por la Audiencia Provincial, que penó a Javier Landa, ex decano de la Facultad de Económicas, al pago de una multa por valor de ciento veinte euros.
La maniobra no ha podido ser más torpe. Nos han descubierto a un héroe. Han localizado un acto de valentía, un paladín del civismo que hoy tanto escasea entre los ciudadanos que preferimos hacer oídos sordos a los constantes actos vandálicos que asolan esta ciudad cuando las juveniles, principalmente, ligadas al pan y circo, que son las botellonas, hacen del civismo una vergüenza y se dedican a patear coches, ejercer el noble ejercicio del lanzamiento de bolsas basuras, cuando no a miccionar o defecar públicamente y sin el menor pudor.
Que en los tiempos que vivimos se intente demonizar la actitud coherente de un hombre que observa cómo sus derechos civiles, de convivencia y respeto se ven menospreciados por jóvenes, en la seguridad además de mostrarse incapaz ante la violencia que responderían por la justa recriminación, es una maldad, es ir contra natura, contra las más elementales normas de convivencia. Invocar la imputación de este ciudadano, con la mera intencionalidad de zaherir, de enfrascarse en la pelea callejera que se propicia por los partidos políticos, es transformar la idiosincrasia de la información neutra, o sea mal informar.
Si el intento ha sido igualar la condición de los delitos de unos y otros, embarrar la imagen con la posición igualitaria de una malversación de fondos, la prevaricación o el desvío de partidas presupuestarias a fines que no correspondían, es una villanía, es saltarse a la torera los principios deontológicos que deben prevalecer en la noble condición periodística.
De cualquier forma, no la intención no ha tenido el fin previsto. Muy al contrario. Hemos descubierto a un hombre con valores, conscientemente preparado para representar a quienes depositen su confianza en él. Nos han traído un héroe, nos han devuelto la ilusión por la recuperación de valores que creíamos perdidos en la clase política, que tan acostumbrada nos tiene a mostrarse y valerse de sus cargos para intereses particulares.
El niñateo consentido por los responsables políticos tiene que acabar. Es necesario involucrar a los futuros concejales en la restitución del derecho al civismo respetuoso, a la rehabilitación de la dignidad personal con el respeto y la tolerancia. Ésto no quiere, ni debe decir, que los comportamientos vandálicos –tan usuales en los fines de semana, tras la celebración de fiestas no permitidas, o sea botellonas- deben consentirse amparándose en ellos.
Necesitamos más ciudadanos que actúen como Javier Landa, que sean capaces de hacer frente a la mala educación, al fomento del libertinaje. Se necesitan héroes locales que luego, evidentemente, no sean masacrados por medios informativos para buscar sus intereses particulares. No queremos perder la libertad que tanto nos costó conseguir. No queremos sucumbir a la dictadura del niñateo y el incivismo. Por eso, sacar a la luz los hechos, la condena, de esta hombre me parece, en mi humilde y sencilla opinión, un acto de cobardía, frente a mariscadas y prevaricaciones que no son lo suficientemente reseñadas.