Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
Cuando el primer caramelo surque el cielo, que se aboveda sobre la ciudad para transformarla en la catedral de la ilusión y la alegría, empezará a ´materializarse tu sueño. Tú aún no lo sabes, desconoces la fantasía que está por llegar, la bendita locura que se apoderará de ti, de todos nosotros, que se alojará en tu corazón para siempre con tal fuerza que ya te será imposible no concebir sueños, vislumbrar mundos nuevos donde rigen el amor y la entrega. La imaginación se desbordará, la realidad te parecerá ficción y la ficción virará en tu mente hasta tomar forma, hasta creerse realidad y verás cómo crece la fábula en tu interior, como irá tomando cuerpo ese cuento del que siempre has querido ser protagonista y que el rigor de la vida, la contundencia de una niñez casi robada, quiso negarte.
No entenderás estos primeros los gestos de gozo, la delicia de gente mayor y respetable en otros ámbitos de la vida, que recuperan otros tiempos, de personas que te rodearán alargando la ilusión de su niñez en cada intento por conquistar el regio premio de un caramelo y que proviene de la quimera de un sueño. No lo entenderás. Pero enseguida te verás envuelta en la espiral del encantamiento del momento.
Déjate llevar, participa de la fiesta y verás cómo se transforma la ciudad, cómo sus casas se fortificarán con zapatitos y botas que se asoman al pretil de una ventana, cómo los balcones en alminares donde se florecen princesas que reclamarán tu alegría, la mía, la de todos, para llevársela a otros que ya nos están, para hacernos partícipes de la suya en justa compensación. No retengas tus sentimientos, expándelos, compártelos, no reprimas ninguna emoción, ni escondas tus sensaciones porque cuánto acontecerá podrá desbordar tu razón, porque solo veras niños; algunos peinan canas o llevan en sus brazos a sus hijos. No le tengas miedo a esta locura que se plasmará frente a tí. Por obra y gracia de un encantamiento todos somos niños. Muy al contrario, hazla tuya. No hay mayor alegría que desprenderse del tiempo que nos lastra, sacudirse la realidad mientras en la mente florecen los momentos de la infancia y retorna, para implantarse, la conciencia de la inocencia.
Asómate Marharita al balcón de tu corazón. Deshazte de la melancolía, que reine la felicidad en este instante en la que la gloria vendrá a buscarte, a decirte que lo único importante de la jornada eres tú, que cuánto está aconteciendo a tu alrededor es en tu honor. No permitas que te roben el momento de sentirte especial, deja e crecer en ti todos los buenos propósitos que verás a tu alrededor, no menosprecies el valor de un caramelo orbitando desde el mundo mágico de tu infancia.
Recuerda Marharita, cuando el tiempo y el espacio intenten querer separarnos, que hay un territorio donde tiene cabida toda imaginación, dónde todo es posible, por muy inverosímil que nos lo presenten, donde la magia se hace realidad, aún sólo por unas horas, donde se deshacen el tiempo y la razón para hacernos – a todos sin excepción- más felices.
* A Marharita Lauryenia, nuestra niña bielorrusa, para que siga soñando con princesas durante toda su vida