Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
En unas muy recientes declaraciones, y a mi entender muy acertadas, Monseñor Asenjo Pelegrina, Arzobispo de nuestra Diócesis, manifestaba su preocupación por los procesos electorales que se establecen en las Hermandades para la proclamación de sus nuevos dirigentes durante el periodo que marquen las Reglas de cada una y que se mantienen en el arco temporal entre tres o cuatro años. Entiende el Sr. Obispo que estos enfrentamientos nada tienen de fraternales, desoyendo el mensaje de hermandad entre sus miembro deben primar, por lo que recomendaba la presentación de una única candidatura con el fin de mantener la paz interior de la corporación, que en la mayoría de las ocasiones perturban, cuando no enturbian, la coexistencia y la primigenia función de nuestras cofradías, destruyendo la esencia original para la que fueron instituidas.
Vaya por delante que cada cual puede hacer y deshacer lo que su conciencia le dicte, siempre que no repercuta en terceras personas o vayan contra el espíritu fundacional de una institución, y tomar aquellas decisiones que libremente puedan asumir. En la mayoría de las ocasiones así se actúa. La buena fe se presume en todos.
Pero ha habido comicios en los que la lucha por el poder se convirtió en la premisa fundamental con laue vejar a la candidatura oponente. Se han presentado grupos de hermanos sin la preparación requerida, en la suposición de adquirir la experiencia, en los puestos a los que aspiran, en el ejercicio de sus funciones y con el paso del tiempo, -conozco algún caso que no sabe ni dónde encontrar los servicios de su casa de Hermandad- lo que puede llevar a que uno entienda lo que sucede a su alrededor cuando culmina su mandato, con el consiguiente perjuicio para la Hermandad.
Pero lo grave de estas situaciones, en los últimos tiempos, viene determinada por la utilización –mala utilización- de los medios de comunicación y, muy especialmente, por los adelantos informáticos que nos proporciona el progreso. Páginas web que son verdaderas lanzaderas de calumnias, con proyectos que, en la mayoría de las ocasiones, son irrealizables, con proposiciones de mejorías que, de llevarse a cabo, vendrían a hipotecar la Hermandad durante generaciones, programas que esconden intereses personales, subterfugios para la consecución de votos como premisa unívoca, cuando no iniciar foros en los que se vierten, no ya piadosas mentiras, sino verdaderos ataques a la dignidad de las personas, vejaciones e insinuaciones sobre la promiscuidad sexual del enemigo –digo bien y no hay error en mi consideración al utilizar este término-, enfrentamientos que se parapetan en la vileza y cobardía de la utilización de seudónimos. Ah, siempre con presunción de inocencia, pues nadie comienza estos debates sino que son respuestas a un primer ataque de un oponente, y que además siempre se encasilla como sector duro de la candidatura.
Los promotores de estas iniciativas, o sea los aspirantes a ocupar el cargo de Hermano Mayor, bien podrían dedicar su tiempo, en vez conspirar desde el silencio y maquinar durante cuatro años la forma de derrocar –tan poco me equivoco en la utilización de este verbo- a quienes vienen ejerciendo la dirección de la cofradía, con más o menos acierto, a potenciar el espíritu fraterno en su hermandad si de verdad la quieren, sin importarles que su nombre no figure en ningún registro, ni se le destaque por la nobleza de su trabajo y en todo caso servir a la Hermandad procurando que esas ideas y proyectos que según ellos tanto bien harían y son realizables, no se las guarden para sí esperando el inicio del periodo electoral para su proposición porque actuando de esta forma lo único que consiguen y demuestran es un elevado espíritu de egoísmo y egocentrismo. Sé de algunos de éstos que sólo desean el relumbrón de ocupar un titular en los diarios de la prensa de la ciudad. Por cierto, de asistencia social casi ninguno habla.