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Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra

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LA CONSPIRACIÓN DEL SILENCIO y III

 

nazarenosLa Real Academia de la Lengua Española define el verbo conspirar, en su segunda acepción, como acción de“unirse contra un particular para hacerle daño”. Si nos atenemos a  su más estricta interpretación, elevándonos a la  comprensión de su etimología, debemos ceñirnos a la utilización de las malas artes para la consecución de un fin.

Mi entendimiento, no soy ningún ingenuo ni un iluso con ideario onírico, me impide comprender que haya personas cuyo principal argumento vital consista en la obtención de un mecanismo de poder con el que menoscabar el trabajo de un oponente. No mejorar lo que se haya realizado, que entra dentro lo razonable, todo es mejorable, sino poner en evidencia, alterando muchas veces la verdad, el esfuerzo, el tensón y la dedicación de otros que le preceden en la dirección de la institución a la que pretenden acceder.

En las hermandades es mucho menos entendible este tipo de actuaciones. Nuestras corporaciones penitenciales y letíficas vienen desarrollando una labor impagable desde hace siglos. No sólo en el plano espiritual sino en marcos laborales y asistenciales, acercándonos a Dios en su faceta más humana. Muchas generaciones han sufrido y dedicado parte de sus vidas para el engradecimiento de sus Sagradas Imágenes. Un trabajo que pocas veces ha sido reconocido por quienes hemos tenido la suerte de encontrarnos, en la mayoría de las ocasiones, con un extenso y rico patrimonio producto de esfuerzo y abnegación de nuestros antepasados. La infrahistoria de nuestras hermandades está llena de anónimos personajes que pusieron sus haciendas y vidas en favor de ellas. También de otros que quisieron destacar de la forma menos adecuada, aprovechando los esfuerzos de otros para erigirse en protagonistas. En muchos de estos casos de ostentación y banalidad, de rivalismos personales y enfrentamientos cainitas las corporaciones desaparecieron, se desvanecieron en la noche de los tiempos.

En nuestros días con la consolidación institucional, con una sociedad más formada y la universalización de la comunicación, es menos probable esta posibilidad. Pero hay otros peligros que las acechan. Unos peligros que vienen condicionados por la depreciación de los valores humanos y por la manipulación de la información, que en muchas de las ocasiones faltan a la verdad o la desvirtúan para obtener, como sea y al precio que sea, el triunfo que en muchas veces lleva consigo la humillación, cuando no al escarnio público, de los oponentes vencidos.

Estas actuaciones se suelen solapar con una presentación victimista, un mensaje que extrapolaran a los medios de comunicación -a los que con el tiempo demonizarán- que con frecuencia se posicionan en su favor, porque ven estos especímenes, equivocadamente, como sucesores de los valores que la actual junta de gobierno ha mancillado. Estos profetas de medio pelo suelen permanecer en sus oscuras guaridas; no hacen acto de presencia en los cultos, ni participan de las actividades que se organizan, no sacan papeletqs de sitio y algunos, con un descaro impávido, no abonan ni las cuotas hasta la época en la que deciden dar el paso en el que salvarán del desastre en el que se encuentra la hermandad. Abandonan sus cuevas al cuarto año, nunca antes y a pesar de su escasa participación en la vida de hermandad se proclaman como eficientes rectores -la hermandad en ese tiempo ha ido funcionando robotizadamente, claro- y entonces resulta que la cofradía sin ellos no tiene sentido, vamos que sobrevive de milagro sin su ingenio, que su programa electoral -atención a este término- es la panacea que vendrá a suplir toda la escasez manifiesta, que las obras de mejoras en las instalaciones, las restauraciones de enseres, la mejoría en los cultos, y todo el trabajo realizado, por la junta oponente, no es más que una obligación cumplida porque ellos han vigilado y presionado, cuando en realidad ni acuden a los cabildos y en la mayoría de las ocasiones -en el de elecciones no faltan, situados en la primera fila que hurtan ese día a los hermanos que la ocupan cada año- guardan el más absoluto y cobarde de los silencios incluso cuando se hace clara referencia a sus ilógicas actuaciones y pronunciamientos.

Así actúan y así pretenden alcanzar algo que les queda grande por preparación y escasez de recursos, por falta de unos valores que desconocen o que han preferido despojarse de ellos porque son barreras que les impediría obrar con sensatez y caridad cristianan. Lobos con piel de cordero dispuestos a degollar, porque ansían solo el figureo y la banalidad, a quienes se crucen en su camino. Estos cofrade de la sedición, estos golpistas con capirotes, esperan encontrar la espalda de su contrincante para asestarle el golpe traicionero que enmascaran con palmadas en y besos de hiel. Durante cuatro años solo pueden ejercer su valor favorito: la conspiración del silencio. No tienen valor para hacer otra cosa.

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