Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
De soslayo cruzo mi mirada con la tuya. Me detengo frente a Ti. Hay una fuerza excepcional, desconocida, que me detiene, que reclama mi presencia en este espacio donde habitas y donde esparces tanto amor, donde recoges esas confidencias que ponen a tus pies porque saben que obtendrán respuestas. A veces unas lágrimas se conmueven porque el mensaje es tan hermoso que hay brillos de ojos en las alturas y en los suelos. Es esta cúpula, que te envuelve y te protege, donde yacen y se concentran esos momentos. Si alguien se detiene a observar puede descubrir cómo se reflejan los miedos de una madre, las promesas de una niña, las peticiones de un esposo que sabe de las tenazas que aprietan el corazón de la mujer que es madre de sus hijos. Si alguien puede desviar la mirada de tus ojos reconocería que la sangre de su sangre, ha pasado por allí, porque es un lugar donde se convoca y se esparce la Esperanza.
He de reconocer que no siempre puedo encontrar un momento -este ajetreo de la cotidianidad, este ir sin parar para acabar agotado, esta dictadura del tiempo que nos somete y me martiriza- para explicarte todo lo que acontece a mi alrededor, esas pequeñas cosas que van conformando mi vida, que van limando mi existencia y que confieren una frontera sentimental cuya barrera procuro levantar hoy. Aún con esta precariedad, sabes que siempre vienes conmigo, que te llevo grabado a fuego en mi corazón. Los amigos tenemos que vernos, detenernos, sincerarnos.
He pasado demasiadas veces frente al tabernáculo, donde se plantó un día la gloria, ignorando tu voz, recorriendo ese espacio con precipitación, con urgencia. No me reconozco. Necesito serenarme, reposar el espíritu. Me enfrento a Ti y me encuentro con la extrañeza del tiempo vencido. Ni siquiera me recriminas este alejamiento, tanta es tu bondad, tanta tu misericordia. La voz que recorre mis sentidos mitifica el perdón, la reconciliación, y por ello me someto, con la voluntad vencida por la fuerza de tu mirada, a tus sabios, y siempre beneficiosos dictámenes. Es una voz cálida que me trae recuerdos tan hermosos que hacen que el tiempo se escape entre mis dedos, por la comisura de los labios. Bisbiseo palabras que sólo Tú eres capaz de interpretar porque nacen de la emoción, mientras un maremágnum de imágenes se van enredando en mi memoria, van trepando por el recuerdo hasta aquel lejano día en el que tu Madre me llevó de la mano para que Te conociera, para que fuera tus pies, para que pudiera sentir todo el peso del amor que desparramas en esa noche donde las emociones se concentran y reconvierten el trabajo en sentimiento. Desde aquel momento recondujiste mi camino. Iluso de mí que creí que en esta vida todo era casual ignorando que la causalidad provenía de Ti, que la Providencia que guía nuestros pasos tiene su origen en tus manos, esas a las que me aferro cuando mi debilidad humana sucumbe, cuando descubro mi pequeñez, mi escasa solvencia para dirimir los problemas existenciales que tanto nos afectan. Quiero seguir, Señor, soñando contigo. Como lo hacía cada madrugada de Viernes Santo, siendo tu costalero. Quiero seguir, Señor, asumiendo tus enseñanzas, esas que reconvierten la soberbia en humildad, la altivez en mansedumbre. Quiero seguir, Señor, reencontrándome con la vida que mana de tu mirada, bálsamo para los que sufren, para los que pecamos con la vanidad y la presunción. Quiero seguir, Señor, propagando la alegría de sentirnos macarenos, que es la hermosa designación que Dios realizo a quienes tenemos la extraordinaria misión de repartir Esperanza. Quiero seguir, Señor, pregonando tu Sentencia, la que me descubrió al amor, la que sembró de ilusión mi alma. ¡Qué suerte, Señor, tuve de saberme valedor de la propagación de tu gracia, de que te fijaras en mí para hacerme servidor de tu doctrina, mensajero de Esperanza!