Esta es la ventana a la que me asomo cada día. Este es el alfeizar donde me apoyo para ver la ciudad, para disfrutarla, para sentirla, para amarla. Este es mi mirador desde el que pongo mi voz para destacar mis opiniones sobre los problemas de esta Sevilla nuestra
Aludía el escritor granadino Antonio Muñoz Molina, al que no se le puede poner en duda su progresismo ideario y su adscripción a las vanguardias intelectuales –ni sus magníficas dotes como narrador-, en un artículo que vio la luz en la revista Mercurio, en su edición del pasado mes de diciembre, que muchos de los males de nuestra sociedad, ésta de las “igualdades y del bienestar”, tienen un trasfondo educacional. Explicaba cómo los métodos pedagógicos actuales –los de la LOGSE y otras leyes impuestas- vienen a deseducar a los jóvenes que acuden a los centros escolares, culpabilizando a los actuales gobernantes de la inutilidad de los planes de estudio que están posibilitando una generación incapaz de mostrar razones y que sólo exponen puntuales conocimientos.
La formación integral de la persona ha pasado a segundo término. En la actualidad pocos son los que se interesan por generar e incrementar su nivel cultural, limitándose ex profeso a la especialización que les procure un lugar en la administración donde compendian y liquidan cualquier inquietud, ignorando el gran valor que pierden al ningunear la formación que les haría mejor ante los problemas comunes de la vida.
Hemos pasado del conocimiento de la razón a la ignominiosa falsedad de la justificación de las conductas con la aplicación pedagógica que se imparte en la mayoría de los centros de enseñanza de este país, donde se permite el avance académico sin la preparación adecuada por tal de no crear un problema psicológico al infante. Esta increíble situación motiva, con el paso del tiempo aptitudes más propias de animales irracionales, esos que pululan por los bosques de cemento y acero y selvas de asfalto, y que sólo entienden de derechos propios obviando los de los demás.
Reclamaba el escritor granadino el retorno a la enseñanza que recibimos los de nuestra generación, haciendo hincapié en la estruendosa ofuscación que podría producirle la posibilidad de malinterpretar sus demandas. Aquella enseñanza, que posibilitó la formación de muchos de los que hoy nos dirigen, abría sus ventanas al humanismo, a la educación, al conocimiento y al saber. Aquellas escuelas en las que se recibía, y se aceptaba con resignación, la disciplina que fomentaba y facilitaba la convivencia entre todos. No conozco a nadie que se haya traumatizado porque el profesor le reprendiera en su conducta o confundido su personalidad por haber recibido un empellón. Repito, muchos de los que ahora recriminan o maldicen de aquellas prácticas, que lanzan incendiarias proclamas en contra de la educación que recibieron, aun a sabiendas de que les hicieron hombres respetables y respetuosos con su entorno, son los mismos que nos desgobiernan en la actualidad
No soy yo quién para elevar exigencias, ni puedo erigirme como poseedor de la verdad absoluta, pero comparto todas y cada una de las propuestas de Antonio Muñoz Molina. Lo cierto y concreto de estas aseveraciones es la necesidad de recuperar el espíritu de educación elemental en futuras generaciones. Las actuales solo valoran el elemento egoísta y pragmático con el que han sido aleccionados. Es intolerable que no reconozcan Menéndez Pidal o Miguel de Unanumo. Ahora pregúntenle ustedes por Messi, Cristiano Ronaldo o Lady Gaga. Eso sí que mola.