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27 agosto 2013 2 27 /08 /agosto /2013 12:42

sangonzalo_bes_re.jpgMuchas veces, lo más simple es lo más hermoso. El barroquismo excesivo viene a desnaturalizar las cosas. Exagerar es sinónimo de prepotencia, cuando se manifiesta en las conductas del hombre. ¿Por qué tiene que ser más bello un conglomerado de rosas, con insertos de flores del paraíso, adocenado con un remate de claveles y, por no faltarle nada, con lirios salteando la frondosidad del ramo? ¿Por qué carece de hermosura una maceta de cerámica trianera con sus aspidistras al lado de la Virgen? Son sólo adornos, elementos ornamentales que van y vienen mientras lo verdaderamente importante permanece y supera el paso de los años. El libro de los gusto, dicen está en blanco. Estamos llenos de prejuicios y queremos instituir lo que nos parece moderno, aunque muchas veces confundamos los términos y no sabemos separarlos del catetismo. Nos hemos quedado en el barroco. Ahí fijamos el tiempo. No tengo nada contra esta tendencia artística. Pero anclarse en unos modelos artísticos del siglo XVI y XVII es detener el progreso. No soy yo crítico de arte, ni entiendo demasiado de pintura. Sé lo que me gusta y lo que no. Pero es evidente que si Valdés Leal, Leonardo Da Vinci, Velázquez, Murillo, Caravaggio, Ribera, Zurbarán, Goya, Van Gogh, Matisse, Picasso o Dalí, por citar a algunos, no hubieran indagado en las corrientes artísticas de sus antecesores y sus contemporáneos y mostraran sus tendencias, como vínculos evolucionados de aquéllos, estaríamos todavía pintando bisontes y hombrecillos esqueléticos en las cuevas.

            Desde hace algunos años se viene observando una tendencia a desnaturalizar las esencias, que siempre han evolucionado, y han guardado sus modelos para construir las existentes. Estas preferencias por retener lo grandiosidad de una época, está haciendo un flaco favor al desarrollo de la evolución en la evolución de las cofradías y hermandades de nuestra ciudad. Existe una generación que, muy al contrario de buscar nuevos visos artísticos, sin desnaturalizar las esencias, repito, ni convertir en un circo lo que debe ser respeto, devoción y fe, se amarra al pasado. Es relevante que se olviden del verdadero origen para centrarse en lo superficial. Y con un agravante más. Todo tiene que ser igual a, todo tiene que tener una referencia. Y la que se sale de estos nuevos límites es apaleada por los cientos, por los miles de “entendidos” que han surgido de improviso. La personalidad de las hermandades está peligro.

            Las hermandades, hasta hace relativamente muy poco tiempo, se caracterizaban por su valentía, por su interés en soldar sus gustos a los tiempos, vivir la contemporaneidad y participar de los modos de vida en cada época. Cuando en otros lugares de España, hace sólo unas décadas, se había perdido el matiz democrático en sus acciones, en Sevilla se mantenían las urnas abiertas, contribuyendo a la formación y el poder decidir quiénes dirigían sus cofradías. Con sus guasas y sus cosas pero así era.

            Hace unos días, la hermandad de San Gonzalo, tuvo la “terrible osadía” de recrear un patio sevillano, con sus alegorías litúrgicas, para mostrar a la Virgen a los ancianos de una residencia cercana. Si buena es la intención, mejor la recuperación de la memoria. Muchos de las personas mayores habrán recordado sus patios, sus modos de vida en torno a ellos, el paso de los años recorriendo sus memorias. Y con la Virgen presidiendo la estancia.

 

A mí me pareció hermosa y muy digna la escenografía del montaje. Lo importante y grandioso es el fondo. ¿Será más feliz la Virgen porque la rodeen de alhelíes, de rosas y gladiolos?  ¿Se congratulará más con sus hijos si la revisten de piezas de plata, de primorosos encajes y terciopelos? ¿Qué tiene que envidiar una buena cerámica de Triana, repleta de tierra y coronada por aspidistras a la frondosidad de candeleros chorreando cera? La hermandad no ha hecho más que lo que tenía que hacer. Procurar que sus hermanos, vencidos por la edad y por el tiempo, que no por el ansia de la vida, se confortaran viendo cerca a la Madre y provocar un intercambio de sonrisas que valen por todas las escenografías barrocas del universo. Ojalá algunos pudiéramos ver, in situ, ese intercambio de alegrías y peticiones de Salud, entre nuestras madres y la Madre que nos espera.

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Published by Antonio García Rodríguez
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